Mamá e Hija caracola

 Un día de tantos, en un pequeño y húmedo lugar se encontraban dos hermosas caracolas, una era más pequeña que la otra, cada una con figuras fascinantes. Del caracol más grande surgieron un par de cuernos, que no eran otra cosa que ojos. Se trataba de mamá caracola que había despertado para alistarse y empezar la jornada de un nuevo día. 

Ella era una caracola adulta muy trabajadora, porque siempre estaba haciendo algo de provecho. Ya fuera limpiando su caracol o buscando alimentos sanos para ella y su hija, cuidando que todo estuviera bien a su alrededor. 

Mamá caracola despertó a su pequeña, una caracolilla dormilona y juguetona. Y e dijo en tono contento:

Alístate ¡Ha comenzado un nuevo día! 

La pequeña caracolilla que no dejaba de bostezar, mientras lubricaba con el cerrar y abrir de sus pequeños ojos, preguntó: 

¿Por qué tengo que alistarme mamá? 

La mamá caracola con un tono más claro y acabando de hacer brillar su caracol de colores le respondió a su hija: 

Porque hoy saldremos a explorar nuevos lugares y probar nuevos alimentos ¡Hoy iremos más allá de los límites que conoces!

Pues me gustaría mucho que tu caracol fuera mejor que el mío con más colores. Y eso solo se obtiene con un buen alimento verde. 

Una vez preparadas, madre e hija, emprendieron la travesía de ese día. Mamá caracola estaba muy al pendiente para que ningún peligro las amenazara. En cambio, la pequeña caracolilla se distraía con todo lo que veía a su alrededor.

Mamá notó la distracción de su hija y le advirtió que permaneciera a su lado para seguridad de ambas y agregó:

Hija, no te alejes mucho, podrías perderte.

 La pequeña no hizo caso, pues para ella todo el lugar le era familiar y aparte muy divertido, así que pensó:

¿Cómo voy a dejar de mirar las cosas tan bonitas a mi alrededor?- ¡Ahh que bonita mariposa!

¡Ahh que hermosa planta! ¡Ahh que belleza de flores! 

Y así, terminó siguiendo a una preciosa mariposa. La pequeña caracolilla se perdió y dejó de estar carca de su mamá. Cuando volteó a ver por todos lados, y no vio a su mamá por ninguna parte. Trato de no asustarse, mientras caminaba de un lugar a otro buscando y pensando: 

¿Dónde está mamá? 

A lo lejos miró las estupendas figuras que adornaban el caracol de su mamá, anduvo en esa dirección y dijo:

¡Oh ahí está mamá!

 Pero al llegar descubrió que se trataba de una caracola muy parecida a su mamá y se angustió muchísimo, diciendo entre sollozos: 

¿Dónde está mamá? 

Su desconsuelo era tanto que recordó los amorosos cuidados dedicados de parte de su mamá y pensó que nunca más los disfrutaría, llena de preocupación se dijo:

Si no encuentro a mi mamá, nadie me alimentará, ni me limpiará ¡Estaré sola! 

¿Dónde está mamá? ¡Porque me aparte de ella!

 La pequeña caracolilla se sentía tan arrepentida de no haber obedecido a su mamá  que por último en voz muy alta dijo un importante juramento: 

¡Di vuelvo a ver a mi mamá!¡Juro que la obedeceré en todo! ¡Que dejare de lado mi falso orgullo! ¡Porque comprendo que ella me decía esos importantes consejos por mi bien! 

¡Ahora lo entiendo y acepto esté castigo que estoy viviendo! ¡Todo por dejarme llevar hacía ese camino equivocado del capricho!

¡Ahora estoy sola y perdida!

¡Así que por favor que aparezca mi mamá!  

Justo en ese momento mamá caracola salió de entre las ramas, pues había estado observándola todo el tiempo. Quiso enseñarle a la pequeña la importancia de hacer caso a las indicaciones de los padres.   

 La pequeña caracolilla con un gesto de alivio al ver a su mamá. Grito eufórica de contento y dijo: 

¡Mamá, mamáááá!

La mamá caracola muy contenta, porque sabía que su hija había aprendido la lección, se acercó rápidamente y le beso los párpados, para terminar, diciendo: 

¡Tranquila! Aquí estoy, ¿Ves porque no debiste alejarte? Y debiste escucharme

La pequeña afirmaba con su diminuta cabeza las palabras de su amorosa mamá. Mientras con lágrimas de agradecimiento y de dar fin a su susto, había entendido la lección. Ahora siempre escucharía sus consejos.

Mamá caracola se sentía satisfecha y más contenta con su pequeña hija. De ahí en adelante pasaron el resto del día juntas, en una hermosa área verde donde encontraron un delicioso y nutritivo alimento. 

Al final del día volvieron a su apacible, pequeño y húmedo hogar, Finalmente ambas ahora habían fortalecido el vínculo de confianza y respeto.   

Dedicada a todas las Queridas mamás del Universo ausentes y presentes, en este caso en particular Gracias a mi personal  Mamá que fue la inspiración para esta historia.  


 

 

 

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