El encanto trailero

 Todo comenzó hace tiempo atrás, más de 50 años han pasado. Las circunstancias de  la vida hicieron que él tomara la madura decisión a sus 15 años de desposar a su novia de la misma edad por estar embarazada. Los recursos de ambos eran escasos y sus familias no comprendían ese vinculo del primer y único enamoramiento. Solo importaba la realidad de poder sustentar una vida segura y sin el constante miedo a la precariedad.

Así aquel rostro lleno de vitalidad, se vio obligado a buscar un trabajo lo más pronto posible. Era la época donde los primeros aires de la juventud rebelde se preciaban con furor.

Esa juventud era tomada como medios o sustento para generar fortuna a nivel mundial, reflejada en la vida cultural donde entraba el espectáculo y el entretenimiento para convocar a las masas humanas confundidas. Combinado con la osadía de entender la sociedad de carácter conservador y mojigato de esos tiempos. La sociedad que se dibujaba como absurdos adversarios en aquella época de cambios sociales paulatinos.

Estando así el panorama aquel joven, ya siendo esposo y con expectativas a ser futuro padre se aventuro a trabajar entre los territorios de los transportes de carga automotor a base de diesel. Esperando obtener una paga justa para mantener a su nueva familia. Las tentaciones de la llamada libertad núbil lo citaban constantemente. 

Pero la dulzura e inocencia de su esposa lo retenían, era un muchacho trabajador, le daban tareas de todo tipo los camioneros y las mujeres que los acompañaban, siempre eran pedidos, desde las insignificancias de ir por unos cigarros, hasta asuntos, como avisar la importancia de la hora de salida de algún envío significativo de cargamento.  

Así comenzó a ser conocido ese joven de nombre Gregorio, que continuo en ese mundo del transporte de carga en carretera. Porque Gregorio fue un aleado y ayuda de aventuras de muchos trabajadores del volante. 

Vino el día del parto de su muy joven esposa, había él juntado un poco más de lo esperado de dinero para la llegada del bebé. Lo que no esperaba ni él, ni ella, fue la perdida de su hijo. A partir de ese día todo cambio, ella tentada por las explicaciones de sus padres, termino decidiendo que lo  mejor era comenzar a una nueva vida, en donde Gregorio no formara parte de sus planes. 

De un día para otro en las largas ausencias de Gregorio, su joven esposa abandono la austera pero acogedora casa de ambos. Cuando llego él a aquella habitación pequeña, con solo una cocineta a base de un pequeño tanque de gas, una cama de tamaño diminuto para dormir una pareja abrazada. Una mesa para dos personas, una cajonera para las prendas más básicas y una tina de metal, con una olla de peltre; era lo que conformaba sus utensilios de la vida limpia en esa intima estancia. Todo esto era el anuncio de que, en ese momento, ya se encontraba vacía esa casa del juvenil cariño marital. 

Gregorio llego y miro el silencio del lugar, se asomo a la cajonera y encontró solo la ausencia de ella. Salió de aquel lugar rápidamente y recorrió el pueblo. Que a esa hora de la tarde, era polvoriento producto del intenso calor y sequedad del suelo.

A ella la busco en la casa de sus padres, pero toda persona de esa familia se había ido sin previo aviso. Gregorio con los sentimientos destrozados. Regreso con su familia a platicar todo lo sucedido. Pero sus fríos padres carentes de consejos y ricos en ignorancia pronunciaron unas cuantas palabras. 

Lo miraron con indiferencia y le expresaron que ahora podía volver a ser el muchacho libre de esas duras ataduras, llamadas responsabilidades de la difícil vida de adulto. Podía regresar a hacer de nuevo su vida, como lo fue antes de enamorarse, de esa manera tan inocente e infantil. 

Pasaron los meses y Gregorio no se adaptaba a tener la vida de antes. Así que un buen día, decidió irse con unos de sus muchos patrones camioneros. La juventud la vivió entre llantas recorriendo caminos, donde disfruto de distintos paisajes, pueblos, ciudades, comidas, músicas e identidades. 

Así al pasar de los años Gregorio se convirtió en Don Gregorio, su único interés era manejar su trailer. Aquel vehículo que le daba la plena libertad de seguir viajando, conociendo y viviendo sin ataduras.  Disfrutaba mucho de las corridas de su trabajo asignado de acuerdo al cargamento.

Pero el tiempo hace lo suyo y un accidente causado por un impertinente conductor ebrio, hicieron que el viaje del trailer terminara antes de lo deseado por Don Gregorio. Aquel aparatoso accidente lo había dejado sin ver. Lloro muchas lagrimas por su infortunio y sufrimiento. Hubiera preferido perder alguna otra extremidad que le permitiera seguir manejando en la carretera, pero no la vista. 

Todos sus compañeros fueron a consolarlo para que no perdiera la fe en la vida. A pesar de tener 30 años, Don Gregorio se veía como un hombre de 50, su rostro y cuerpo reflejaba la existencia tan dura que había vivido hasta ese momento. 

Aquellos hombres a pesar de ser viajeros constantes de los distintos caminos de pavimentos. Tenían siempre paradas preferidas y buscaron por su relación fraterna entre sus iguales de oficio, una solución para la vida de su apreciable amigo Don Gregorio.

Así entre muchos traileros hombres y mujeres juntaron dinero y le abrieron un negocio de comida. Donde quien se encargaría de apoyarlo era una peculiar señora. Una mujer de su misma edad, que había quedado viuda muy joven a los 19 años, pero que había tenido que sobrevivir de alguna forma.

La única herencia de su viudez fue hacerse ella misma de un trailer que puso a mover, a través de contratar a chóferes cada ciertas temporadas. Fue en esos contratos que conoció a Don Gregorio, y que le llamaba la atención por sentir que sus trágicas historias eran similares. 

Cuando aquella lozana viuda se entero de la condición de Don Gregorio, fue de las primeras que busco la forma de ayudarlo. Así entre el apoyo de traileros y las posibilidades de la viuda se abrió "El Encanto Trailero". Fue ahí donde Don Gregorio se permitió ir superando su cambio de vida tan abrupto. Aprendió a cocinar y a volverse a enamorar de la vida. 

Se caso con la viuda y comenzó una vida familiar que pensaba no hacer de nuevo. La descendencia vino y toda la familia se dedico al restaurante. Ahí junto con las amistades, amantes de los traileres se celebraban las fiestas más importantes del año. 

El lugar se volvió popular por las historias de Don Gregorio, aderezadas por el buen sazón de la devota esposa y el buen trato servicial de él. Era esa espléndida familiaridad llena de atenciones de él, de su esposa y de sus hijas e hijos. Hacía que fuera raro que hubiera conductor tenaz del volante de grandes dimensiones que no conociera "El Encanto Trailero"

Su popularidad aumento con el tiempo y así Don Gregorio fue envejeciendo más hasta que él mismo llego a la viudez. Ese día reunió a su descendencia, dejo claro a cada quién, que era lo que le correspondía, para después enviar a todos a sus respectivas casas. 

Estando solo en aquel restaurante puso en una vieja rocola, una canción que era de sus favoritas. saco una primitiva grabadora y un par de casettes, así comenzó a grabar distintos mensajes de voz. 

Estas cintas grabadas dentro de esas formas plásticas con dientecillos, eran las distintas cartas para cada una de sus hijas e hijos, amistades y personas que le preciaban mucho.

Completo de hacer esas cartas y se levanto de su silla para bailar por última vez. Disfruto ese baile como nunca. Y cuando termino la melodía, se dirigió a dormir a una pequeña habitación que era tan similar a la de sus días de su primer juvenil matrimonio. 

Se acostó en la cama para después dejar salir un último suspiro. En eso se vio así mismo dormido, Noto que él brillaba y volvía a ser aquel joven de 15 años ¡No lo podía creer! Pero estando en ese asombro, escucho una voz tenue y transparente que le habló y le dijo:

¡Es hora de irnos! ¡ya termino tu ocupación como Don Gregorio! 

Al escuchar esa voz serena que le dijo eso. Le sorprendió aún más y pregunto quien era esa voz, a lo que esa misma, le respondió con gracia:

 ¡Soy quién te ha acompañado y te ha amado siempre!

En eso apreció su esposa también con 15 años junto con un hermoso joven de ojos grandes y de piel color de noche, que le sonrió y ambos le estiraron la mano. Don Gregorio sintió una felicidad sin limites y su cuerpo transparente empezó a brillar cada vez más, hasta que se fundió en esa luz interna que se expandió y su irradiación abarco todo el lugar, para después desaparecer en un solo instante. 

Al día siguiente su hijo menor encontró el cuerpo frió de Don Gregorio. Se celebro su despedida fúnebre de acuerdo a lo indicado por él. "El Encanto Trailero" se lleno de lagrimas por parte de familiares. Pero sobre todo por esos audaces conductores del volante de grandes dimensiones. 

Ahora en aquel lugar acogedor, que se encuentra a un lado del camino, en un rinconcito de una carretera de las muchas que hay en México, se sigue viendo "El Encanto Trailero". Lo que más se puede disfrutar son las historias de Don Gregorio, por parte de aquellos visitantes y comensales traileros. De ahí que ese lugar siga teniendo la fama, que hace honor  a su nombre "El Encanto Trailero". 

Dedicado a el Tío Abuelo Agustín que en paz descanse, por haberme inspirado 




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