La niña robot que se convirtió en loba azul (parte 2)
Los esposos estaban muy contentos y satisfechos de su nueva hija. Así que se abrazaron con gran alegría. Asunto que no entendió la niña robot cuando fue encendida, a pesar de que le había programado y hecho para la edad de siete años, una serie de emociones y sentimientos identificados en la humanidad.
A partir de ese momento educaron y le enseñaron cosas nuevas a la niña robot, como a cualquier persona de su edad. La pequeña robot era muy obediente, hacía todas las indicaciones que se le dictaban.
Sabía hacer las labores del hogar como: tender las camas, lavar los trastes, tirar la basura, lavar ropa, limpiar la casa, cocinar, ir por víveres para la familia y más actividades domésticas. Y sobre todo sabía hacer una cosa muy bien que era organizar el tiempo.
Tareas programadas obviamente por su Papá el relojero suizo, para él y para su mamá, que siempre estaba dispuesta a ayudar a la gente. Era muy metódica aquella vida y un tanto divertida de como programaba todo la niña robot. Agrupaba lo que hacía con su tiempo y con el de sus padres.
Pero tenía como robot la carencia de saber exactamente lo que era el afecto, los sentimientos y las emociones. Sus padres trataron de explicárselo y la programaron con ese fin, como lo había pensado desde un principio su papá. Pero a pesar de las muchas modificaciones que hicieron al mecanismo de la pequeña robot ¡Algo no terminó de salir bien!
Aunque la programaron con intenciones de todo tipo, incluso de que tuviera libre albedrío y aprendizaje evolutivo e inteligente, como cualquier infante. Los resultados no fueron los mismos que los de una niña humana. Como niña trató de entenderlo, pero su conocimiento de robot la limitaba. Después de que convivieron los tres en armonía por muchos años, algo cambió.
Un cierto día la niña robot al terminar de mover sus engranajes mentales, tomó una decisión precipitada al darle importancia a algo. Fue el deseo de ir a buscar el significado del afecto, los sentimientos y las emociones.
Porque se dio cuenta que ella no era como las demás niñas y niños. Ella no crecía, no cambiaba realmente. Y si veía como niñas y niños de su edad iban creciendo con el tiempo, esto la desconcertó mucho. Ya que ella mentalmente era más madura que esas niñas y niños ¡Así que se dio cuenta que algo faltaba, algo estaba mal!
También en esa libertad de desarrollo mental la niña robot, comprendió que quería una compañía de su edad o más pequeña como toda niña de esa edad de siete años. En ese momento llegó la petición que el relojero suizo había programado y esperado tiempo atrás. La solicitud de un hermanito por parte de esa pequeña hija artificial.
Al insistir mucho con el hermanito, la metódica niña logró convencer a su mamá de que adoptaran un bebe de los orfanatos. Cuando fueron a ver los distintos lugares donde había bebés. La niña robot pasaba largos minutos mirando a bebes, niñas y niños de diferentes edades. La duda en su mente mecánica continuaba sobre el significado del afecto, los sentimientos y las emociones.
Al final sus padres eligieron un bebe, que fácilmente les concedieron con la adopción. Cuando llegó a casa el esperado bebe hijo adoptivo, la pequeña niña robot lo miró por horas. Y se quedaba observando y considerando si tenía o no verdaderas emociones.
Así que un buen día decidió salir de casa para ir a buscar lo que le faltaba: el afecto, las emociones y los sentimientos. O por lo menos con toda resolución, decidió que lo mejor era salir para entenderlos, por medio de interactuar con otros seres vivos. Sus papás muy tristes se despidieron de ella deseándole suerte.
Especialmente su papá se sentía contento porque aquella niña robot había cumplido su mayor misión. Que era sacar a su esposa del abismo de la tristeza, en la que vivió un tiempo, por no haber podido tener hijos propios. Su mamá con el bebe en brazos, abrazó con lágrimas a su hija robot. Y el bebe hizo lo mismo, emitiendo unas pocas palabras con las que expresó que la extrañaría.
La niña robot emprendió su aventura con herramientas en bolsa y llave maestra para darse cuerda o modificar lo necesario de su mecanismo interno. También si necesitaba un retoque o forma a su cuerpo externo, estaba lista para arreglarse, con los diferentes aditamentos. Todo esto se lo enseñaron sus padres que al final le dieron algo de dinero, junto con indicaciones y consejos para que pudiera sobrevivir lejos de ellos.
Recorrió distintos lugares de Europa y describió lo que veía en un diario. Así como en cartas que les enviaba sus padres. Pasó por majestuosas ciudades en países como: Suiza, Francia, Alemania, Bélgica, Holanda, Dinamarca, Suecia, Noruega y Rusia.
Se dispuso a caminar por los distintos bosques europeos, así hizo de todo su recorrido, un análisis bien estructurado. Trato de comprender sus metódicos actos. Llegando a la conclusión de que se diera cuenta que los sentimientos y las emociones eran algo más complicado y complejo de lo que le habían enseñado sus padres.
Porque desde los análisis científicos hasta los metafísicos, pasando por los estudios sensibles de cada persona, resultaba una tarea que se complejiza más, conforme se convive con más personas de distintos lugares. Porque no era fácil, ni difícil, solo era algo distinto de acuerdo a su entender de robot con cada persona.
Y así pasó el tiempo, hasta que muy desgastada de tanto viajar y de convivir con muchas personas decidió irse a la Laponia sueca a despejar su mente mecánica. Su Mamá le había descrito que era un lugar mágico y maravilloso. Así que se dirigió ir para Suecia, ahí pasó unos meses en la capital para saber más de la cultura de su mamá.
Les escribió una carta a sus padres contándoles sus últimas aventuras y sus planes en Laponia. Se despidió ya que pensaba que lo mejor era no tener contacto humano por un tiempo. Como forma experimental con el aislamiento el poder entender: el afecto, las emociones y los sentimientos.
Desde un análisis distante y de incomunicación, probablemente apreciaría todo mejor, y así pudiera ella comprender esos profundos conceptos. Envío la carta y se fue a ese territorio frío más hacia el norte.
Ya viviendo en la Laponia en un bosque tupido, en una noche despejada descubrió a un grupo de lobos tan claros como la nieve del bosque. Éstos jugueteaban de un lugar a otro, su majestuosidad y misterio atrajo la atención de la niña robot.
Poco a poco conforme pasaban los días, la niña artificial no dejaba de tener una enorme curiosidad de querer observar muy atentamente el comportamiento de los lobos. Había algo dentro de ella. En su cuerpo metálico de tuercas, engranajes y tornillos que le atraía de esas majestuosas y peculiares bestiecillas.
Así pasaron los meses, hasta que un buen día no pudo evitarlo más. Decidió acercarse a esos lobos. La niña robot tuvo el deseo de hablar con algún lobo, aunque su lógica científica mecánica sabía que era imposible.


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