El viejo pescador de Colima
Con el cabello como las nubes blancas en el horizonte azul de media tarde, con la piel morena como el chocolate dulce. Con redes verdes en una mano y una cubeta blanca en la otra. Así cada mañana antes del amanecer salía a conversar con el mar el viejo pescador de Colima.
Lanzaba sus redes verdes con entusiasmo y dejaba que las olas atraparan esas tramas como un divertido juego de parejas, para después devolverle esas redecillas ya fueran desocupadas o con algo de vida de las aguas saladas.
El viejo pescador al ver las redes vacías se aventuraba a entrar más al agua, pero al no encontrar que pescar con esas redes verdes, salía de la humedad para caminar unos pequeños pasos por la playa y volver a lanzarlas mientras el sol matutino acariciaba su bronceada piel.
Continuo entrando y saliendo del agua el anciano pescador de Colima, era el dialogo de sus acciones con ese mar que decidía si le entregaba algún sacrificio de vida para complacer los gustos humanos. Y proveer un día más a la vida de ese veterano pescador de mar. Las redes se expandían y se contraían de acuerdo al movimiento coordinado del abuelo con las olas.
Así como es esa suerte del viejo pescador de Colima, así también son nuestras acciones en la vida, a veces obtenemos tanto sin expandir demasiado las redes, pero en otras ocasiones aunque se contraigan muchas veces las redes de nuestras decisiones, terminamos sintiéndonos personas vacías.
Por lo tanto, es mejor seguir caminando un poco más por la playa de la existencia para comprender aventajadamente el mar de la vida y aceptar lo que estemos pescando con las redes de nuestra inteligencia.
Agradezco a ese viejo pescador de Colima que cada mañana decide salir a pescar algo, para no olvidar que esté dialogo diario con la playa de su propia existencia, inspira poesía, inspira canción e inspira esta pequeña historia.
De nuevo me despido de ese panorama donde el mar me mostró a más de un héroe, a más de una musa, a más de un personaje perfecto digno de recordar. Que me hace entender la belleza de ver la vida más allá de tan solo las cuatro paredes mentales, como son: la futilidad, la vanidad, el drama y la superflua idealización.
Gracias inmemorial pescador de mar por seguir siendo el recuerdo de otros tiempos pretéritos, el remanente de épocas que siguen aquí sin darnos cuenta , para valorar lo que le decimos existencia.

Así es, hay que valorar la vida
ResponderEliminarGracias🙏🏽👌🏽
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