La Molesta Sangre

 Recordar ese aborrecible día, de esos días que demostraron la desdicha ¡como me molesta hablar de eso! Recordar que perdí toda esperanza y oportunidad. Y ahora a vivir la incongruente vida de una persona adulta ¡Que patético! 

Siempre fui tratada a manera de una adulta, entre mis responsabilidades: como hermana mayor, cuidar a mi hermano; lo cual me acarreo hasta el día de hoy problemas. Si me preguntaran ¿Cuándo te sentiste inferior o pisoteada? Responderé cada vez que tengo, que hablar con mis padres.

Mi padre con su propia patología, de traumas del pasado, me obligó a ser una adulta desde muy temprana edad. Ni si quiera recuerdo cuantos años tenía cuando me aplicaba tundas y correcciones llenas de brusquedad por mi rebeldía. Y cuando llego mi hermano demostró su preferencia por el hijo de sexo masculino hasta el día de hoy.

Tal fue la severidad de decirme desde pequeña ¡Tu ya eres grande! Que nunca jugué con nadie y nadie quiso jugar conmigo ¡Era y soy demasiado ácida y picante!  Vida solitaria era lo que tenía y tengo como joya de mi existencia.

Así que el único día que me invitaron a jugar ¡Fue en ese día nefasto! Los niños de la escuela durante el recreo o receso me invitaron, la hora once de la mañana. Para mi fue y es un evento que nunca olvidare, porque nunca lo habían hecho. Lo cual me lleno de cierto contento, decidí dejar de sentirme adulta y ser una niña.

Jugamos a los atrapados ¿creo? ese detallo no lo recuerdo, lo que si recuerdo es la sensación de alegría interna al correr.

Pero todo se termino pronto de un momento a otro, sentí como si me hubiera mojado, pero sin orinar. Fui rápidamente al baño para ver que pasaba conmigo, ya me había mi mamá informado del asunto, pero deseaba que no llegara.

Porque sería la marca de que ya no era una niña, si no oficialmente una adulta. Que podía tener hijos, más responsabilidades y más tristezas. en resumen se acababa la pureza occidental, se acababa la inocencia de los cuentos de hadas, se acababa la libertad de ser persona que juega con la fantasía.  

Regresando al baño, al entrar al escusado con el papel en la mano, me levante la falda, me baje los calzones o pantaletas y ahí estaba ¡La condenada mancha roja! esta amarga mancha de sangre que me decía, que ya no había marcha atrás, ya era oficialmente una adulta.

Me sentí muy triste ¡adiós todo juego infantil! Bienvenida la maternidad ¡Adiós el sentirse igual a un niño! Ahora solo se fijarían en mi físico, no en mi mente, en lo que soy ¡Una persona humana valiosa! ¡Para esto no existía un hasta luego!

Esa mancha solo me hizo sentir que había perdido algo valiosos que nunca fue mío: la niñez. 

Ahora otra preocupación más en mi vida, otra división más. Otro recorrido amargo que se hace nudo en la garganta, para que no surja más amargura en mi muerta expresión infantil. 

Salí del baño con el calzón lleno de papel, termino el recreo, volvimos a clases y después se termino la escuela. Llegue al trabajo de mi mamá, le platique  que había llegado la menarca. Ella se emociono mucho y me dio todo lo necesario para usar mientras tenía ese periodo de sangre genital. Pero yo me sentía de lo más infeliz y más cuando me dijo: ¡Ya eres una mujer!

¡No por favor! Me dije en mi mente entristecida por la muerte de mi débil niñez que siempre fue subyugada por esa adultez prematura.

Y efectivamente todo cambio, hasta el día de hoy, recuerdo con sabor amargo la perdida de algo que nunca llego a ser mío ¡El disfrute de lo pueril! ¡Ahora solo el recordatorio escarlata de que toda mujer junto con la madre tierra tiene que pagar la cuota de los errores de ese Dios del rayo, el que otorga las abundantes lluvias para disculparse! 

A Odette, Brenda y Gisela con mucho cariño a esas queridas Niñas internas  


 

Comentarios

  1. La añoranza de la infancia. Yo igual que tú me tuve hacer adulta antes de tiempo con mi hermano a quien cuido desde los 9 años.

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