La Panadería Don Tilo (Parte 1)
Está historia comienza en un viaje en un rincón en Jalisco, en ese pintoresco lugar con su explanada, su árboles bien cortados. Con sus decoradas edificaciones de colores y con el calor que se respira a un siempre presente verano, ese pedacito de mundo llamado Sayula lugar de origen de Don Tilo.
Hombre que desde muy joven fue bien trabajador, huérfano de padre. Ya que lo había perdido producto de las guerras revolucionarias. Personaje paterno entrañable para Don Tilo por ser ejemplar, ya que fue de aquellos que se unieron a las filas revolucionarias del general Villa.
Aunque aquel legendario hombre era panadero por herencia, bueno para las empanadas y las medias lunas que popularmente y por error en México le decimos cuernos. El oficio de panadero, no lo detuvo al momento del llamado de la patria y de entregar la vida por ella. Dejó a Don Tilo desde pequeño con los pocos saberes de la panadería con tan solo seis años de edad.
Todos en aquella población orgullosa de sus identidades, hicieron de Sayula un lugar diferente a otros, porque se vio limpiada por obligación al entregar las vidas de sus pobladores a las aspiraciones de libertades de justicia hacia el pueblo. La carencia de presencia de hombres, por los grandes motivos que los llevaron a formar parte de la guerra revolucionaria, con el afán de que la patria era lo más importante. Es lo que le da honor a Sayula, hasta el día de hoy.
Así el padre de Don Tilo se despidió un buen día en el calor del verano, más intenso que en otras ocasiones. Aquel ardor del ambiente casi insoportable le recordaría siempre al muy joven Don Tilo las últimas palabras de su padre:
¡Recuerda hijo, que el amor que siento por ti estará siempre contigo! Me voy porque es otra forma de luchar por tu bien ¡Porque mereces un mejor futuro!
¡Si muero no abandones el noble oficio de panadero! Esté té se sacará de muchos apuros.
¡Tu historia, es mi historia! Y en cada pan, en cada decisión tuya recuerda que estaré contigo ¡No olvides mis palabras!
Así aquel fuerte y robusto hombre, tomó lo necesario. Abrazo a su único hijo, a su esposa, a sus padres, a sus suegros, y por último se despidió de sus muy jóvenes ayudantes de la panadería. De esta manera partió con toda la comitiva de Sayula para unirse a las filas del eminente general revolucionario.
Cuando llegó el anuncio de la muerte de su padre, Don Tilo ya había madurado sin darse cuenta. Dejando desde la partida de su progenitor su alegre niñez. Por lo tanto, cuando recibió toda la familia la noticia de la muerte de ese héroe revolucionario, panadero de herencia. Todos estaban preparados a recibir ya fuera esa triste noticia o la llegada del hombre de oficio panadero, convertido en otro semblante ya fuera más noble o más duro.
Pasaron los años y Don Tilo mejoró cada vez más su habilidades de buen panadero, porque para él, era lo único que le hacía sentir que estaba con su padre, de está forma lo evocaba siempre.
Pero los sentimientos de la juventud fueron muy cambiantes, junto con los problemas de carencias de la época y aumentando una fuerte temporada de sequías, azotaron a toda la población. Todo esto hizo que Don Tilo tomará la decisión de abandonar a su amada Sayula para buscar otra forma de alimentar su vida.
Ahora él también se iba y dado el problema, decidió irse además del país. Igual que otros de su misma generación, que fueron seducidos por la cultura Norteamericana. Por ser la ideología de los Estados Unidos, como el país donde todos los sueños se cumplen.
Todo esto hizo que Don Tilo junto con sus amigos tomaron la decisión de dejar Sayula. Aquellos pueriles hombres fueron los emisarios de convencerlo a que partiera a las tierras de la comida rápida del hot dog y la hamburguesa.
Su familia comprendía que su juventud y sus sueños de buscar “algo mejor” eran como ríos desbocados, que nada los detiene. Así la despedida fue inevitable, su madre y tías le dieron las últimas bendiciones y partió para buscar la riqueza material de los dólares.
Prometió enviarles ese dinero cuando ya estuviera más que exitoso en cumplir su sueño de esa fatua riqueza.
Mientras que la panadería trataría de sobrevivir lo más que pudiera. Los panaderos que en el pasado de su padre fueron sus asistentes, expresaron que ese era su motivo de existencia, así que la cuidaría hasta la muerte. Don Tilo sonrió ante el entusiasmo de esos hombres, que eran como sus hermanos mayores.
De esta manera, junto con sus otros cinco amigos dejaron Sayula y partieron para su futuro. Anduvieron en todo desde: a pie, camión, redila hasta en tren. Así llegaron a la frontera desde la zona del desierto. Fue un tema de ver sus propias fortalezas, al pasar el río Bravo y otras peripecias que les hacían sentir que eran los finales de sus días.
Pero el solo pensar en sus propias precariedades, sus miedos hacia la pobreza de dinero les hacían continuar. Al entrar a la frontera del país de habla inglesa, que en ese tiempo seguía llena de racismo, denigración y de la acentuada ideología de los nobles y los plebeyos. Fue el motivo de que más de la mitad de sus amigos los agarraron, cual bestias de caza y los deportaron con toda clase de humillaciones y maltratos corporales.
Muchos de esos jóvenes inmigrantes que regresaron a Sayula, traían el desagradable trauma de los maltratos y violaciones a sus derechos humanos. De aquellos alegres chicos que se fueron con Don Tilo, regresaron a Sayula por deportación todos, menos él y otro muchacho.
Aquellos jóvenes habían dejado en su amarga aventura su brillante juventud, por un rostro y unas manos de decrepitud prematura, junto con canas en el cabellos que eran gruesas por el dolor de vivir en tan solo unos meses una vida tan temible. Ahora ya no les importaba la pobreza material porque a su regreso a Sayula, valoraban más la riqueza moral que son los honores y las virtudes de su pueblo valiente y amoroso con toda persona.
Pero para llegar a este punto de entendimiento, tuvieron que vivir esa dura enseñanza. Fue está gente la que revaloró a Sayula y a Jalisco. Y que compuso las bellas melodías para los corazones mexicanos.
Mientras Don Tilo siguió su marcha de vida con su único amigo en los Estados Unidos, buscaron trabajos de lo que fueran. Pero los gringos al saber que eran ilegales los trataban con desdén, les daban trabajos tan inhumanos, que en más de una ocasión desearon regresar a México.
De esta forma supieron que era vivir con carencias terribles, como las de la peor época de la esclavitud de negros en aquel país. Aún así, con el pasar de los años Don Tilo juntaba unos cuantos dólares que enviaba con mucho gusto y entusiasmo a su familia.


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