¿Por qué no te atreviste?
Deambulaba por las avenidas de Shang-hái, buscando a mis amigas que habían llegado como yo, por intercambio académico a la cosmopolita ciudad. Las había perdido entre los indescifrables laberintos que representaban las calles de esa gran urbe.
Así camine y me asome por diferentes negocios y locales públicos. Hasta que al fin nos encontramos en un cruce peatonal. Las reconocí porque una de esas amigas de cabellos rubios y sonrisa amplia, excelente persona originaria de los Estados Unidos. Llevaba puesto un gorro tejido con el gracioso y clásico pompón. Se encontraba saliendo de una pequeña tienda de comestibles, en el momento en que iba pasando y me hizo una señal.
Estando juntas caminamos un poco más para encontrarnos con otra amiga, de cabellos negros peinados con coletas y teniendo unos vistosos guantes para el frío en sus delicadas manos. Ella era muy querida y de personalidad un tanto excéntrica, siendo nativa de Colombia.
Estaba embobada mirando un enorme espectacular dentro de la explanada de un gran centro comercial. Ya estando de nuevo las tres juntas, nos reímos como si nada hubiera pasado, por habernos perdido entre nosotras, unos cuantos minutos antes. Decidimos era buen momento de regresar a las instalaciones de la universidad.
Pero la colombiana seguía mirando embobada el espectacular, que más bien era un mapa del centro comercial, que indicaba el camino a un acuario con planetario, así que manifestó que quería ir a ese lugar.
Vimos la hora, calculamos tiempos, acciones y concluimos que , si nos daba tiempo de ir. Muy contenta nuestra amiga nos abrazo a ambas y las tres comenzamos a dirigirnos hacia aquel lugar.
Lo interesante de ese centro comercial, era que conforme íbamos caminando se iba también bajando poco a poco el piso. De ahí se dividía entre otras pequeñas calles y la iluminación también era cada vez más tenue.
Así que cuando llegamos al centro del lugar, en la parte más profunda y escondida del mismo, por su iluminación tenue, nos íbamos acercando al acuario con planetario. Aquella exhibición de entretenimiento era la sede o el corazón de ese centro comercial que cambiaba de ambiente, porque al ir careciendo de luz natural se modificaba la luz artificial, que daba la sensación de siempre ser la hora del crepúsculo vespertino.
Seguimos caminando hacia abajo y vimos tres divisiones como si fueran tres venas marcadas, así que decidimos tomar la verdea de en medio. Y cuando ya veíamos de de cerca el planetario-acuario, que tenia como fachada el mismo espectacular de la entrada del centro comercial. En eso escuche una voz masculina que me hablaba.
Volteé a ver quien era ¡Me asombraba tal situación! Por resultarme un lugar poco usual donde me pudiera reconocer alguien. en primera por estar al otro lado del mundo, en segunda por ser otro idioma distinto al mío. Y sobre todo el escuchar esa voz que llevaba años que no la escuchaba.
Aquella voz llamaba mi nombre, y al voltear a mirar ¡Ahí estaba! ¡Hacía años que no lo veía! De hecho había olvidado su nombre ¡Pero no lo olvidaba a él! ¡Algo dentro de mi sentía un dolor profundo!
Nos acercamos mutuamente, nuestros rostros radiaban, en nuestros ojos y en nuestras sonrisas emanaban luz de contento. Era la atracción que siempre tuvimos. Él me pregunto:
¿Cómo estás? Me da gusto verte. Hace tanto que nos conocimos ¿Sabes quien soy? ¡Y mira que encontrarnos en este lugar! ¡En el que nunca pensé encontrarte! ¡Es un milagro!
Yo un tanto sonrojada le mire y mira a mis amigas. Que entendían que tal vez me quedaría a platicar con él. Contenta por verle, respondí que estaba bien y que me encontraba estudiando una especialidad en la universidad.
Pregunte el motivo de que estuviera él en la ciudad asiática. Su respuesta fue para mi como si me rasgaran de un horrible tajo el corazón. Y así también las lagrimas guardadas por años, surgieron dejando que mi cuerpo se tornara tan débil. Porque no esperaba tal respuesta suya que dijo así:
¡Me alegra mucho verte! ¿Te acuerdas que trataba de llamar tu atención? Sabes me gustabas ¡Pero al final no me atreví a decirte algo más! Después me di cuenta, que no me atrevía con nadie del sexo femenino.
Al final, comprendí que mi cobardía era mayor, porque no podía estar con ninguna mujer.
Conocí a un hombre como yo, sentí que nos comprendemos bien. Y ahora nos vamos a casar. Vengo porque aquí se organizara mi boda.
Al escuchar esa respuesta mis piernas se debilitaban, me sentía desmayar, él me sostuvo de la cintura con una mano y con la otra sostuvo mi cabeza. Mientras mi cuerpo lo sentía como un trapo. Le dije con lagrimas en los ojos, los cuales cada vez se cerraban más, el por que me pesaba la vida:
¿Por qué no te atreviste? ¿Por qué no te atreviste a decirme? ¿Por qué no te atreviste a hacer la cita? ¿Por qué no te atreviste a llevarme flores? ¿Por qué no te atreviste a tomar mi mano? ¿Por qué no te atreviste a besar mis manos? ¿Por qué no te atreviste a besar mis labios?
¿Por qué no te atreviste a más?
Y ahora prefieres estar con otro hombre como tu. En vez de haberte aventurado a estar conmigo.
No quisiste ser mi compañero en ningún momento de la vida. Y ahora no tengo a nadie. No fui y ni soy de amores fortuitos o novios. Solo de adeptos que he olvidado y me han olvidado para nuestro bien.
¡Ahora entiendo! Te has convertido en otro más que me sonrío ¡Y se fue por el sendero del tal vez! Que nunca llego a nada.
Y ahora prefieres un reflejo cómodo, a conocer a quien te podía completado en la existencia.
Y esto causa lagrimas tan amargas, lagrimas nocturnas que son como un sueño, pero que traspasan ese mundo de espejismo, a la realidad ilusoria. Al notar que sale agua salina de los ojos cerrados que tengo al vivir este sueño.
¡El dolor es autentico, la distancia es autentica y la desilusión también!
Ahora me desfallezco, por el dolor de mi corazón. Porque esta llorando al saber esta última verdad tuya, que también es ilusión.
¡Me abandona la vida como aliento vital! Y contigo me doy cuanta de algo terrible: ¡NO SABIA QUE ME DOLIA TANTO!
Después de decirle esto al oído. Lo último me dolió como si fuera la muerte personificada. En un soplo casi inconsciente, porque aquella sensación temible me dominaba. Alcance a ver en su rostro el espanto, mientras me sostenía con fuerza de la cintura y besaba todo mi rostro.
Me decía con palabras entre cortadas y ahogadas por el nudo filoso del dolor en la garganta, producto de la profunda tristeza guardada y escapada en ese momento de caos:
¡No te vayas! ¡No te dejare! ¡Envejeceremos juntos! ¡No me abandones! ¡Ya no me casare con él! ¡Me casare contigo! ¡No tengas miedo no envejecerás sola!
En ese momento llegaba su prometido de boda, molesto al escuchar las palabras que pronunciaba él, primero al oído, pero conforme caía mi cuerpo como sin vida, las dijo en voz alta. Mientras no dejaba de acariciar mi cabeza y besar mi rostro con lagrimas en sus ojos.
Aquel prometido molesto por la actitud de él. Se mostró imponente de cuerpo fuerte, piel canela y barba cerrada. Respondía con gran odio y celos ante la actitud de él. Quería que me soltara, pero él no lo hacía y es más me abrazó más fuerte contra su cuerpo.
Mientras repetía una y otra vez lo mismo, con lagrimas más rojas en sus ojos y compartiendo un calor tibio a mi cuerpo. Como si tratara de volver a seducir de ese mismo modo algo hacia mi interior. como aquella primera vez, cuando lo conocí al iniciar nuestra amistad. Se disculpaba por haber sido un cobarde:
¡Por no atreverse a más!
En eso me vi a misma con él, viendo su dolor. Observaba como me abrazaba a lo lejos. Ahora prefería irme pero las lagrimas seguían brotando de mis ojos.
Necesitaba despertar de ese mal sueño. Seguiría sola, como seguía siendo hasta ese momento. Me veía como parte de mis miedos, hasta mi vejez sin compañero, porque ninguno se atrevió.
Porque ya paso mucho tiempo y las canas surgieron, las arrugas se marcaron, y mis días pasaron. Esos eran mis últimos pensamientos al dejar de mirarlo a él, por sentir tan pesados los párpados.
En eso una voz dulce y grave, muy hermosa llena de confianza y tranquilidad. Atrajo mi atención instantáneamente. Sentí la luz en mi oscuro cuadro del desengaño y la desilusión, aquella peculiar voz siguió hablo y me dijo:
¡No envejecerás más Querida! ¡No estás vacía y nunca estarás sola!
¡Porque siempre he estado contigo! ¡He surgido para ti! ¡Soy tu propio corazón! ¡Soy tu propia esencia! ¡Que te revelo esto!
Para que recuerdes todas tus acciones. Y no te arrepientas de nada.
Estas lagrimas tenían que salir ¡Porque ese ha sido tu destino! En tu pasado hiciste llorar mucho y ahora esas mismas lagrimas regresaron a ti.
Por ese llanto que tu misma provocaste ¡Tenías que probarlo para enmendar tus errores!
¡Ahora vamos! ¡Es hora de que regreses a mi! ¡Quien te ama tanto!
Esa voz que era mi corazón, que eras tu, me mostraste tu refulgencia indescifrable y con una mano que apenas y daba cuenta de forma ¡Por ser tan brillante! Me la extendiste, de la cual me sostuve y dejé que me absorbieras. Convirtiéndome así en el ser parte de esa iluminación henchida.
Con esa irradiación me fui de aquel lugar, hacía donde ya no hubo más lagrimas ¡Solo una absoluta libertad! ¡Un absoluto jubilo! ¡Una absoluta infinitud!


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