El limonero (parte 2)

Jovencita de actitudes más que divertidas, podría decirse explosivas y atrevidas, meritorias de una guerrera. Le encantaba desde muy pequeña convivir con sus cuatro hermanos como sus iguales.

Tenía una hermana mayor digna heredera de la figura maternal del hogar. Porque siempre procuraba a todos sus hermanos, en cualquier momento y ayudaba en lo más básico de la casa y en lo más difícil para la vida familiar.

 Así, Isadora creció entre los divertidos juegos de aventuras. Donde aventarse a un acantilado en el lago era de lo mejor. Cazar ranas, lagartijas, serpientes y otros seres raros era fantástico. Para continuar siendo la guerrera en las batallas inofensivas.

Fue en una de esas batallas inocentes, fue cuando conoció a Anselmo y a Matías. Los había capturado dentro de una cueva escondida, donde todos deseaban su valioso tesoro ¡Un estandarte de Tezcatlipoca!

Conforme fueron creciendo, tanto Matías como Anselmo fue creciendo el enamoramiento que sentían por Isadora. Hasta que ella se decidió por Anselmo. Mucho lloró Matías por días, meses y años. Pero al final se resignó, hasta el día de la partida de Anselmo a Filipinas.

Isadora llevaba meses esperando esa carta ¡la anhelaba tanto! Así que el susto que le produjo Matías lo convirtió en enojo. Él al ver el ceño fruncido de aquella inspiración, que era Isadora, le dijo sonriendo:

¡Isadora tranquilízate! Mejor leamos la carta de Anselmo ¡Sabes que yo también lo extraño y él canijo a mi no me escribe!

¿Puedes por favor compartir sus palabras?

Isadora con mirada penetrante, sacudiendo su vestido verde de flores amarillas como ramilletes, le respondió: ¡Esta bien!

Tomó la hoja y procedió a leer en voz alta, acción que disfrutaron tanto Matías, como el limonero que también amaba a Anselmo y lo extrañaba. Y así decía la esperada carta:

Querida y Amada Isadora:

No sabes cuánto tuve que esperar para poder escribirte. Todo el tiempo que me encontraba navegando en el barco, preguntaba si podía enviar una carta. A lo que me responden con la constante negativa.

El tiempo en el barco se me hizo eterno, diario la misma comida: en la mañana un potaje de avena, una taza pequeña de café y al medio día, a la hora del almuerzo un plato de frijoles y un bolillo. Y la cena no existía en el itinerario de viaje. Estoy tan flaco que ni tu, ni Matías me reconocerían.

De hecho un día desperté sin reconocerme a mí mismo, porque al mirarme al espejo entre el continuo movimiento del agua. Al ver el reflejo de mi rostro, sentí que no era yo.

Mi piel bronceada se tornó pálida, mis ojos se hundieron, mis brazos y hombros se adelgazaron tanto. Que sentía que estaba en el cuerpo de otro hombre.

Los largos días solo me hacen anhelar en volver a verte. Hasta en los sueños deseo sentir la suavidad de tu piel, con el abrazo. Y la blandura de tus senos tocando mi pecho.

De ahí me haría tan feliz el explorar tus curvas caderas. Así los sueños contigo, son la fantasía que llenan a momentos de alegría, mis días separados de ti y de nuestra patria querida.

Cuando al fin llegamos a Filipinas, todo es y ha sido de mucho movimiento. Aquí es todo tan distinto pero a la vez tiene un olor parecido a México.

Los colores tan vivos en México, los hay aquí también en Filipinas. Las miradas de confianza, de entusiasmo e inocencia son tan parecidas, pero a la vez tan diferentes.

Filipinas por ser similar en estas esencias, me hace sentir en casa, pero solo por lapsos. Porque cuando reflexiono más, me falta algo y ese algo eres tu mi querida Isadora.

Me gustaría estar debajo de nuestro limonero, mientras nos acariciamos mutuamente, entre besos y abrazos. Pero en este momento no es posible. Solo espero que atesores está carta y muchas más, hasta mi regreso para estar de nuevo juntos.

Me despido, te ama extrañándote diario Anselmo

Matías se quedó mirando el limonero y después miro a Isadora, que rompió a llorar por el temor de que pasarían más meses para recibir una carta de su amante. Y más tiempo tendría que esperar, para volver a ver a Anselmo.

De repente ella se levantó del limonero con gran determinación, dirigió la mirada a Matías, mientras doblaba aquella valiosa carta, para guardarla en su pecho y le dijo firme con voz enérgica pero discreta:

Matías se que me amas y en cierto sentido yo también te amo. Pero de otra forma muy diferente a como amo a Anselmo e incluso a mi misma.

Para mi tu eres un misterio que no quiero destruir, porque eres muy especial. Por eso quiero que sigas siendo mi amigo, porque tu amistad para mi es muy valiosa.

Tu eres como este limonero, inmóvil, silencioso y hermoso.

Al ver y escuchar las palabras de Isadora. Matías se echó a correr, no quería escuchar lo que pensaba decirle de más Isadora. Mientras iba por una vereda tan verde y espesa de pasto. Dejó salir de sus ojos, lágrimas que ni él comprendía. Así siguió corriendo hasta que llegó a la cueva del tesoro de sus juegos infantiles.

Lloro amargamente porque ahora comprendía, que esas lágrimas eran porque se sentía derrotado. Frustrado al tener abortado el sueño de que Isadora le correspondiera. Porque tal vez nunca tocaría su boca ni los labios de ella. Era la muerte prematura de su esperanza.

Mientras Isadora al ver correr a Matías trató de alcanzarlo. Pero no lo consiguió, a pesar de ser una joven mujer de complexión ágil y rápida. Sabía que había herido el corazón emocional de Matías con sus palabras. Pero no podía dejar que la ilusión por ella lo invadiera a tal grado. Por ese amor que le tenía a Matías, no podía hacerle creer que vivía engañado.

Después de tanto correr y de no encontrar a Matías, Isadora jadeante fue a beber agua de un río que estaba muy cerca del limonero. Tomo un par de sorbos de esa dulce, fría y cristalina agua. Terminó de saciar su sed y se levantó. Decidió regresar a lado del apreciado árbol, para ver si regresaba también su estimado amigo ya más tranquilo.

 El limonero por ser el lugar favorito de ella y de Anselmo le podía dar el descanso justo a su cuerpo. Para volver a leer la valiosa carta por última vez, porque el crepúsculo vespertino estaba apunto de llegar. 

 


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