El limonero (parte 3)
Mientras tanto Matías trataba de secarse las lágrimas y de volver a estar ecuánime. Dejando salir fuertes suspiros entre esos lapsos, algo llamó su atención. En el fondo de la cueva escuchó una voz grave y dulce que le hablaba:
¡Matías! ¡querido Matías! ¡Ven aquí!
Él no había notado nunca que la cueva de sus lúdicos recuerdos, de su pasada tierna edad, fuera tan profunda de acuerdo a sus evocaciones. La recordaba como un lugar pequeño donde terminaba en playa, y se dijo:
¡Que raro! Tantos años y nunca nos percatamos de que nuestra cueva del tesoro fuera tan profunda como lo es hoy.
La curiosidad dominó su temperamento y no podía dejar de mirar esa profundidad. De repente vio una luz muy lejana, que hacía ver más recóndita la cueva de lo que era. Además seguía esa voz diciendo:
¡Matías, querido Matías! ¡Ven aquí!
Él como hechizado por el sonido y el momento, caminó hacia la luz. Y así se adentro más en la cueva. Se acercó a ver qué era esa peculiar luminosidad. Hasta que al estar tan cerca, la percibía tan fuerte que tuvo que cerrar los ojos, porque no la soportaba. En ese momento el sonido o la voz que le hablaba le dijo:
¡Abrázame Matías! Como así esperarás abrazar a Isadora. Te aseguro que ella te amará tan intensamente como lo deseas. Porque serás parte de Anselmo y él será parte de Isadora ¡ Y los tres juntos serán parte de mi!
Matías no lo dudo al escuchar esas palabras. Y con los ojos cerrados, trato de abrazar a ese algo que le atraía. En eso sintió un penetrante calor que lo consumía, con la sensación de que cuatro manos lo acogían. De repente sintió que caía algo que lo estaba cubriendo. Al mismo tiempo lo envolvía una tranquilidad indescifrable.
En el limonero Isadora se encontraba mirando el horizonte, tratando de calmar los sentimientos que tenía por Anselmo y por Matías. Su concentración interna fue interrumpida por el peculiar canto de un pájaro, que en ese momento se paró en el fresco limonero.
El joven árbol se puso más verde, creció y en un instante floreció, dando hermosos limones. Isadora estaba sorprendida y con asombro sostuvo uno de esos jugosos frutos, que había caído cerca de ella.
En eso sintió como alguien la sostenía de la mano ¡Era Anselmo! Tan guapo como ella lo recordaba. Con su piel bronceada, sus cautivadores ojos tristes y su sonrisa contagiosa. Ella lo abrazó y él con su atractivo le dijo:
Amada Isadora ¡Cuánto te extrañe Querida! ¿Me extrañaste tú también?
¿Por qué esas lágrimas? ¡Si ya estoy aquí!
Ella observó a Anselmo y miró la carta en el piso. Aquella hoja de papel escrito le hizo darse cuenta, que faltaba mucho para que él regresara y la duda vino a su mente. La pregunta era ¿de cómo había llegado ahí? Estaré con ella debajo del limonero tan pronto. Así con esa expresión de sorpresa le respondió:
Anselmo ¡Te extrañe tanto! ¡estoy sorprendida!
Y me pregunto ¿Cómo es que llegaste antes del tiempo que me habías dicho? Apenas recibí tu primera carta y ya estás aquí.
Es raro verte ¡Pero estoy muy feliz! ¡Porque estamos en nuestro lugar favorito! Junto a este limonero que parece expresar también felicidad porque creció, floreció y ha dado frutos antes de tiempo ¡Y en solo unos instantes!
Anselmo miro el limonero, miro a Isadora y con una sonrisa más hermosa aún le dijo:
Vengo por ti, no quería irme sin ti. Nos vamos a un lugar lleno de flores de todo tipo. Ahí seguiremos siendo dichosos como siempre lo platicamos.
Isadora noto que Anselmo tenía un brillo encantador, que le hizo no tener que dudar de nada, así ella respondió con sinceridad:
¡Si vámonos Anselmo! ¿Pero y Matías? ¿Qué pasará con él?
Anselmo con sus ojos brillantes y su sonrisa llena de confianza le dijo:
¡Tranquila amada y dulce Isadora! ¡Matías ya nos está esperando!
Así Anselmo tomo con más fuerza las manos de Isadora y le dijo:
¡Cierra los ojos!
En eso ella sintió un fuerte jalón que penetró en lo más profundo de sí misma, después vino un silencio reconfortante. Escuchó a lo lejos la voz de Anselmo que se acercaba más, hasta que pudo abrir los ojos.
Y ahí estaba en un campo de flores, donde a lo lejos se podía ver a Matías. Los tres estaban juntos llenos de enorme dicha haciendo que se abrazaran. Con ese cálido abrazo aquellos seres se fusionaron. En una mezcla de color oro que pausadamente se volvió liquida. Siendo absorbida por las flores que eran sumamente hermosas.
Era la mañana de un nuevo día cuando al fin los padres y hermanos de Isadora la encontraron debajo del limonero. Su cuerpo estaba totalmente inerte. Era evidente que su hermosa hija había muerto.
Mientras los hermanos buscaban el motivo de porque ella no respiraba más. Descubrieron que el origen de su deceso, fue el piquete de una pequeña araña violinista en su mano izquierda. Las lágrimas de su madre fueron secadas por su padre y su hermana mayor.
A su encuentro llegó el padre viudo de Matías que con ojos llorosos fue a consolar y ser consolado por la muerte de su hijo, que también minutos antes encontraron su cuerpo sin vida por haber sido víctima de la marea y de lo engañoso de la cueva del tesoro.
Su cuerpo lo encontraron lejos, en el río que se desembocaba de la cueva misteriosa al mar. Aquella gruta que las personas más infantiles le decían la cueva del tesoro.
Los días pasaron y todos se encontraban pensativos, para solucionar el problema de cómo explicarle a Anselmo la ausencia de su amada y su amigo entrañable. En el momento que encontraron la solución a ese problema, los padres de Anselmo recibieron una muy triste noticia.
Se trataba de un telegrama atrasado, que explicaba el momento final de Anselmo. Todo fue por enfrentamientos entre musulmanes, protestantes y católicos en Filipinas. Anselmo había muerto en la confusión de los desplantes, días después de que había enviado su primera carta a Isadora.
Las tres familias lloraron su pérdida, y el testigo de esto que pasó hace ya tanto tiempo, fue ese limonero. Que soy yo y que sigo aquí hoy, erguido para contarte esta historia.
Porque fui espectador y protagonista de las aventuras de esos tres seres que me amaron tanto como yo los amé.
Y solo espero paciente mis días para ir a ese Supremo jardín de flores celestiales.


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