La intensión de la amante
Aquel que es de hermoso cuerpo, pecho geográfico por ser templado, lleno de cordilleras y altas montañas de formas armoniosas. Firmeza escultural, que recordaba a lo sublime de ese amoroso aceptador de corazones sinceros y totalmente entregados, ese Dios de Dioses ¡En ese momento el entendimiento comprendió lo que era la belleza multiversal! Cuerpo estoico que remontaba a esos paisajes de la cuna escandinava, así se siente como un viaje de su mundo y su cuerpo.
Escultura bruñida de piel tostada y ojos como los de los hermanos divinos que juegan entre lo bueno y lo malo de las historias de China, India y Japón; con una sutil sonrisa me hizo una pregunta ¿Estamos aquí ahora?
Que lleva a la mente a pensar ¿Será verdad? ¿O solo una fantasía más? ¡Una mera ilusión colmada de belleza para recordar!
Acariciar aquel cuerpo, es llevar la admiración hacía las esculturas de los templos del oriente espiritual y profundo. Y también por supuesto al añejo mármol europeo. Esa espalda agraciada como los relieves y montes por su anchura, era conocer el mundo en un instante. Abrazando con los ojos sus brazos y su rostro, para sentir como envolvía mis propios brazos, es esa evocación de combinar la esencia.
Degustar el calor circundante, que me recordaba por el asoleado de la piel a los agradables amaneceres rosados. La forma de su sexualidad rememoraba a los matices del atardecer marino. Que aumentaba el placer con el reto que producía al ver el juego engañoso de la no gravedad, que terminaba cuando dejaba de verter el licor de su emulsión nevada.
Ahora las intenciones se quedaron guardadas en el cofre de lo perdido en la isla del olvido, porque nos hemos enterrado mutuamente en el calor de la sabiduría. Ahora lo mejor es ese canto hacia lo osado, hacia las deidades más despiertas, canto a entenderes más conscientes, canto a diamantes más sublimes. De ahí a la sonrisa de lo que merece con flores ser celebrado hasta el infinito por ser el infinito.
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