Los Diamantes (2)

 De repente escuche una voz femenina que me explico sobre la presencia de mi amiga que estaba buscando, y resulta que me acompañaba, siendo ella una fantasma. Y agrego esa misteriosa dulce y amable las siguientes palabras: 

Recoge solo los diamantes que necesitas, los demás acomódalos en forma de triangulo, para que vayas a un viaje hacía otro tiempo y lugar. 

La riqueza material no te faltara, además tienes que guardar unos cuantos.

Junta los delgados pedazos de tela para que los amarres en la frente, en la boca, en la garganta, a la altura del corazón, del estomago y en el vientre para curar a la gente ¡Recuerda todo tiene que ser blanco!

En el momento no comprendí el extraño mensaje, pero aún así guardé aquella tela que se localizaba en el suelo, la cual iba sustituyendo al ir acomodando los distintos diamantes como marcas de aquella  peculiar trama o dibujo en el piso. 

Cuando acabe la inusual labor, sentí un jaloneo, y al momento ya no estaba en esa vacía habitación de invernadero que daba a la calle solitaria nocturna.

Ahora estaba en otro lugar, en un bosque que parecía hecho de suavidad, colores y olores exquisitos ¡lleno de luz! Ya podía ver a mi lado a la fantasma y efectivamente era la amiga del pasado que me dijo:

¡Fue gracias a los diamantes que pudimos viajar! Ahora no los olvides porque te han traído al reino de la fortuna, donde nos espera la Diosa del conocimiento, la riqueza, la sabiduría, la proveedora de todas las criaturas y de la pureza.

Te ha dado la bendición y tienes que agradecerle! Solo resta decir gracias porque comenzaras a producir diamantes en las vidas de las personas.  

Así nos dirigimos al encuentro de la oculta Suprema Diosa. Mientras llevaba los diamantes iba diciendo en mi mente lo siguiente: 

¡Que maravilloso es agradecer! Que grande va ser decir gracias y ahora digo ¡Gracias!

¿Y qué más vendrá? ¡Seguramente lo estupendo de ese solaz misterioso, la autentica felicidad! 

 

 


 

 

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