La señora y el señor duraznos reales
En un distante lugar, al que sólo se puede acceder a través de los pensamientos, existió un peculiar reino gobernado por una pareja de esposos que eran duraznos: la señora y el señor duraznos reales. Su palacio no era otro que un frondoso árbol plantado en la cima de una montaña rodeada de hermosos campos, fuente de toda clase de frutas y verduras.
La altura de las ramas de donde pendían le ofrecía una vista total de sus alrededores, ahí creaban normas y leyes benéficas para todos sus naturales. El señor y la señora duraznos reales, eran sabios gobernantes, resolvían todos los problemas de sus residentes, por ello eran muy apreciados por todos. Nadie dudaba en pedir un consejo suyo; desde la más verde lechuga, pasando por las dulces frutas hasta los pequeños frijoles.
Un colorido día de tantos, llego hasta este lugar una pequeña niña, los habitantes se sorprendieron muchísimo, pues nunca habían visto un ser parecido. Así que fue llevada ante los duraznos reales. Cuando la niña se encontró ante la señora y el señor duraznos reales, éstos la examinaron cuidadosamente de pies a cabeza. La señora durazno, supo que se trataba de una niña y le dijo:
Pequeña ¡Eres bienvenida!
El señor durazno miró sorprendido a su esposa, pero al ver su sonrisa serena, no dudo en apoyar su decisión y sonrió también, pronto la noticia de la llegada de la niña se había transformado en una celebración.
No paso mucho tiempo para que la niña se convirtiera en un miembro peculiar del reino. Fue instruida en el cuidado de todos los frutos de la tierra, aprendió la importancia de la vida de todo ser vivo. Permaneció en aquel lugar muy feliz por largo tiempo, rodeada de frutas, verduras. leguminosas y legumbres.
Pero paso el tiempo, así como los frutos crecen y maduran, la niña se convirtió en una adulta. Y su expresión, que antaño era de felicidad e inocencia se fue alterando en tristeza y soledad. La señora y el señor duraznos reales no pudieron dejar de notar el cambio, y conversando sobre el tema, concluyeron que la niña ahora adulta, necesitaba sin duda la compañía de otros seres humanos como ella.
Entonces convocaron una reunión con el pueblo. Asistieron todo tipo de frutas y verduras. Los sabios gobernantes explicaron que el cambio de ánimo de su amiga humana se debía a que necesitaba el contacto con seres de su misma especie. muchos opinaron que debía ser enviada con los de su tipo y muchos más que debía quedarse.
Sin embargo, el señor y la señora duraznos reales, explicaron al pueblo de frutos de la tierra, que lo mejor sería, que ella estuviera con los de su especie. Y así podría transmitir sus conocimientos sobre los cuidados e importancia de los frutos de la tierra al mundo.
En eso llego la joven que antes había sido niña y agradeció la preocupación de todo el reino por el bien de ella. Y que mucho iba extrañar los días vividos en ese lugar. Pero que lo mejor era efectivamente, irse porque no podía permanecer más en ese reino. Así como últimas palabras dijo:
¡Querida comarca de rica flora, he aprendido tanto de ustedes! Porque me han enseñado que es realmente la vida. Incluso me alimentaron con una parte de ustedes.
Como fue mis queridas amigas lechugas que dieron sus cabellos para que yo comiera, las zanahorias me regalaron parte de sus uñas para alimentarme. Y así cada ser me regalo parte de su follaje o su cuerpo de sobra para que yo viviera y creciera hasta el día de hoy.
Me enseñaron el sentido de que para vivir, hay que dejar ir algo nuestro. Así ahora, yo tengo que dejar este lugar mágico. Tengo que ir con los que son como yo, humanos, porque todos necesitamos convivir con la armonía de la vida.
¡Y por eso doy las gracias!
La joven se reverencio ante todo aquel pueblo de frutas y verduras que se sintieron con mucha satisfacción, por la actitud de aquella joven humana, que les hablo de bella forma. Posteriormente, todos estuvieron de acuerdo y le prepararon una hermosa despedida. Como último presente para la joven, recibió un hermoso carruaje hecho de ramas verdes de espléndidas hojas, tirado por mariposas, que la transportaría hasta donde se encontraban los humanos.
La señora y el señor duraznos reales reales le pidieron transmitir todo el conocimiento que ahí había adquirido a los de su especie, a lo que ella respondió:
¡Gracias por el infinito cariño que he recibido! Nunca los olvidaré y mi tarea será compartir con los seres humanos: el amor, el respeto y el cuidado por los frutos de la tierra, y por todos los seres vivos.
Finalmente ella abordó su carruaje y éste se fue haciendo más pequeño a la vista del señor y la señora duraznos reales que se mecían desde sus ramas en señal de despedida.


Bellísimo!!! Gracias por hacernos llegar tan hermoso pensamiento!
ResponderEliminarMuchísimas gracias , por estás palabras🙏🏽🤗
EliminarMe encantas estos cuentos cortos… los voy a compartir a mis amigas con hijos 😍😍💋💋
ResponderEliminar¡Siii por favor! Muchísimas Gracias, por el apoyo de compartir.🙏🏽
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