La visita al dentista

 Un día de tantos en el bosque, se escuchaba un tremendo quejido, el cual provenía de entre las ramas de un árbol. Resulto que el sonido era, de una ardillita que sufría de dolor en uno de sus dientes. La pobre ardilla no sabía como clamar su dolencia, así que se le ocurrió ir con su amiga la rata. Tal vez ésta podría ayudarle a saber como curar su malestar, pues las ratas al igual que las ardillas tienen una dentadura muy grande y filosa porque comen cosas muy duras y fibrosas. 

Al llegar con la rata, se encontró con que también ella estaba padeciendo de un dolor de muelas, pues tenía una fina raíz atorada entre sus dientes. Los dos amigas trataron de aliviar su dolor. La ardilla le dijo a la rata:

Amiga rata revisa por favor mis dientes

A su vez la rata le dijo quejándose con agudos chillidos y tratando de hablar lo mejor posible:

Amiga ardilla también revisa por favor mis dientes

Ambas se revisaron, pero no dieron con la causa de su molestia. Entonces a la ardilla se le ocurrió una gran idea y dijo:

¡Amiga rata! ¿Por qué no vamos a ver a un dentista?

Balbució la rata con el rostro descompuesto por el miedo, porque con solo pronunciar la palabra ya estaba temblando: 

 ¡DDD- Dentista!

Los dentistas sólo sacan los dientes, lastiman y gozan del sufrimiento ajeno

¡Yo no quiero ir al dentista! ¡Me da mucho miedo!

¡Y más con esos aparatos!

Me pone muy nerviosa

Mejor piensa otra solución ¡Por favor!

La ardilla se quedo pensando un momento, considerando las palabras de su amiga la rata y dijo:

Mmm ¡Tal vez tengas razón! Yo también he oído cosas terribles que hacen los dentistas, mejor vayamos a ver al conejo, él siempre luce unos dientes perfectos y seguro él nos ayudará. 

Así la ardilla y la rata se dirigieron a la madriguera del conejo, que lo encontraron como siempre agradable y al saber de su problema les dijo:

¡Queridas amigas, que oportuna es su visita! Pues hoy voy a pasar con mi dentista

Me arreglará un diente roto, así que pueden venir conmigo y ya verán como sus males se curan 

La ardilla y la rata, dudaron un poco en acudir al dentista, pero el conejo les explicó que el dentista les ayudaría a aliviar sus dolencias y les enseñaría a cuidar sus dientes, para no sufrir futuras aflicciones, pues todo malestar en los dientes es causado por el descuido. Y expreso: 

¡Vamos amigas! No teman, ni se pongan nerviosas 

Pues los miedos pueden hacerlas más sensibles al dolor

Entonces la ardilla, la rata y el conejo se dirigieron al consultorio del dentista. A su llegada la ardilla y la rata miraban el lugar con desconfianza, pero a su encuentro salió una amable yegua blanca, ella era la dentista.

El conejo le hablo de sus amigas y entonces la cordial dentista las invitó a pasar antes que el conejo, pero éstas temerosas aún no se decidían, de quién sería la primera en pasar. 

Resolvieron hacer un sorteo, donde salió triunfadora la ardilla y la rata tuvo que ser la primera en ser revisada de sus doloridos dientes. 

La amable dentista condujo a la rata hasta un cómodo sillón reclinable. Está se acomodo en una posición en que la dentista pudiera ver perfectamente bien sus dientes y le dijo: 

Di "aaaaahhh" querida, necesito ver que es lo que causa tu dolor 

La rata, así lo hizo y vio como la dentista estiraba la pata para tomar un instrumento de su charola.

La rata estaba muy asustada, sintió un pequeño dolor y después nada. La dentista le había retirado la fuente de su malestar, que era la pequeña raíz. Así la rata se sintió muy agradecida con la dentista y contenta de haber acudido a que la revisara. 

Tocó el turno a la ardilla, quién al ver la reacción de su amiga la rata, se acercó al sillón mucho más relajada y en un instante la consulta había terminado. Su dolor había disminuido notablemente, porque le había limpiado sus dientes que estaban carentes de brillo, que era la causa de su molestia. 

El último en pasar fue el conejo, quién demoró un poco más pues llevaba un diente roto, que la muy amable yegua dentista reparo con mucho cuidado.  

Finalmente, esas tres simpáticas criaturas salieron del consultorio de muy buen ánimo y agradecidas con la dentista. A quien visitaron frecuentemente desde entonces, pues supieron que esas personas dentistas no son malas, ya que su deber es procurar la salud bucal y el bienestar de los seres con dientes. 

Dedicado a tres personas muy queridas que son dentistas: La Doctora Rebeca siempre dedicada al bienestar de todo tipo de pacientes; a Luis siempre dispuesto a conocer y otorgar lo mejor de su saber en sus pacientes y a Mary siempre bondadosa y prudente con las personas ¡y claro pacientes! 
Gracias estas Queridas personas   



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