Papá oso en busca de un nuevo saco

 Llego el invierno en un remoto bosque en las montañas, está era más frío que en otras temporadas, así que todos los animales decidieron abrigarse más. Incluso Papá oso que, a pesar de tener mucho pelo,  así como de vivir en una casa cálida y agradable, que era una cueva. También se aventuró a ver la forma más adecuada de estar calientito. Decidió hacerse de un nuevo saco para protegerse del invierno extremadamente frío. 

Su búsqueda por un saco abrigador comenzó con la visita a los pájaros cantarines que hacen sus nidos muy resistentes, y también sabían ser buenos sastres. Ya que elaboraban sacos hechos con hojas, ramitas  y cualquier elemento que encontremos en un nido, que da forma a algún objeto interesante. 

Los pájaros cantarines le ofrecieron a Papá oso un saco hecho de hojas y flores secas, el gran animal se lo midió y no le gusto. Expreso que picaba mucho y que el color no era de su agrado. Así que agradeció a los pájaros sastres y se fue a seguir buscando. 

Llego con los castores que hacen presas y madrigueras sobre el agua. Además, también son muy secretamente unos refinados sastres. Fue así que le ofrecieron a Papá oso un saco de grandes ramas y corteza de árbol que le agrado muchísimo. Pero al momento de probárselo lo sintió pesado y que no abrigaba lo suficiente. Lo tuvo que rechazar con cierta lastima, ya que le había gustado mucho, pero no era lo suficientemente abrigador para el invierno.

Ya cansado Papá oso llego con las arañas tejedoras que, a parte de sus telarañas, hacen sacos. Así que le ofrecieron un saco casi transparente, de una tela finísima. Papá oso dudo en probárselo y pensó: 

¡No creo que este saco casi invisible, me vaya a abrigar algo!

Así que se mostró escéptico con dicha prenda rechazándola, pero después de mucho convencerlo Mamá osa y sus pequeños hijos ositos. Al fin Papá oso se probó con cierto disgusto, el peculiar saco. 

Y cual fue su sorpresa que la prenda a parte de ser muy ligera, lo hacia lucir muy bien. Porque le calentaba de maravilla el cuerpo. Ya que tenía una gran ventaja, que era su durabilidad prolongada y resistencia. De está manera al fin Papá oso había conseguido un excelente saco. Y así tanto él, como toda su familia, decidieron calentarse ese invierno con sus prendas hechas por las arañas tejedoras. 

El invierno se sintió desapercibido para Papá oso, por su nuevo saco. A partir de ese momento, cada invierno extremadamente frío lo utilizo con gusto. Cuando se le acabo ese saco, salió por uno nuevo, junto con la  obtención de los alimentos, que le permitieron invernar sin problemas a toda su familia, como cada año extremadamente frío.  

Dedicado a Papá con gusto y con graciosos recuerdos, que ayudaron a crear este cuento 



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