Aquella

 Su caminar era como si levitara, tan tranquilo y tan parecido a la caída de un pétalo, por un suave viento. con el cabello. con el cabello alborotado que apenas y mostraba el tamaño de su cabeza. Llevaba consigo un bolso de plumas de colores, que recordaban a los pájaros de amplias alas que volaban en parvadas sobre las selvas. Y sus manos portaban lunares como estrellas, las cuales son decoraciones puras del antiguo firmamento. 

Sonreía con la confianza que brinda la tranquilidad y el aprecio. Había tomado muchas decisiones en la vida. Así que sus palabras, tenían un tono peculiar al hablar, era inevitable pensar que si sería mejor seguir diciéndole señorita por su dulzura o gran señora por los besos que había dejado el Señor del tiempo.

Vestida entre las paletas de colores cálidos y fríos, resaltando el color favorito de Saturno, engalanaba así el día de ese Señor de la tristeza. Al rememorar esto, recordé en que día me encontraba, al profundizar aquel color que ella portaba; vino a mi mente ese Dios favorecido en sabiduría por ser un rígido maestro,   ese llamado cual sonido de viento solitario o como prolongada respiración: Shani, ese Deva de lento y suave andar que levita también como agonizante danza. Implacable Dios Saturno, que rige las acciones de todo ser vivo y también el día de hoy; que me llevo a pensar:

¡Gracias Shani, Deidad mística! que produces el sabor agrio, pero dulce al final; así es el revelarme tan dulce dama ¡Gracias Shani, Señor Saturno por tan dulce día! 

 

  10 de Noviembre del 2019


 A Sandra 

 

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