El Señor Buda y el pavo real de Comala (Parte 1)
Estaban impregnados de lo beneficioso, de lo bueno, de lo bondadoso. Con ese fin llegaron a otra tierra, donde solo los consideraban decoración y no conocían su verdadero valor sagrado.
Aquellos dos venían de Asía producto de la herencia de una mujer solitaria, familiar lejana, que fue señorita acaudalada. Por sus éxitos de años de trabajo como persona siempre elegante y buena en los negocios. Su buen trato a la hora de cerrar acuerdos comerciales, le dieron el éxito de liberarse de la pobreza material. Sus últimos días de retiro laboral, se los pasó viajando a los países más lejanos y distintos de su entorno.
Así su casa se volvió tan solo una parada momentánea para dejar los recuerdos, ya fueran objetos valiosos o rarezas. En aquella casa casi siempre silenciosa, la dama descansaba un poco unos cuantos días, para después empezar el siguiente viaje.
En su última salida, no volvió a casa de la forma normal. Para quienes la conocían y la frecuentaban cuando había la posibilidad de que se vieran, sino que llegó de una manera inerte.
Porque sin que ella lo supiera vivió su último día de viaje en la madre tierra, en territorios muy lejanos a su casa. Ya que fue visitada por la dama de negro. Aquel día el ambiente era de mucha dicha por ser fiestas de inicio de año para la Diosa de la fortuna. La viajera, señorita madura en años, se sentía dichosa, después de caminar entre los ríos sagrados de la India.
La visita de aquella dama de sombrío a la vieja señorita acaudalada, era para llevarla a otro viaje al más allá. Esa destacada dama de traje fuliginoso, que es devota del Dios creador, su padre. Que es más conocida como la muerte. Llegó acompañada junto con el Dios de la Virtud ¡Ese que da fin a todo ser en su momento! El Señor del tiempo y de esta dama, la muerte, como una consorte más. Se llevaron consigo a la refinada anciana viajera. Por tal motivo su cuerpo fue reducido a cenizas.
Los días pasaron y se estipuló la división de bienes, de acuerdo a lo dictado en su testamento, de la distinguida señorita solitaria. Cada familia recibió un extraño regalo de aquella dama acaudalada. De esta forma llegaron dos seres muy valiosos a un pequeño lugar a las entradas de Comala.
Se trata del Señor Buda, pero solo su cabeza en forma de maceta. Y su adorador, un sabio pavo real, venidos directamente de la India.
A la maceta del Señor Buda se le puso cerca del río, con una planta que dejaba ver su semblante. Y al pavo real se le dejó libre para deambular a su gusto por aquel selvático lugar. Comala tiene el ambiente que le agradaba al real ave, que era entre la humedad y el calor, sin estar a lado del mar.
En ese Comala vivía también un matrimonio de gansos, que lanzaban interesantes discursos, solicitando hablar con todos los Dioses para recibir sus bendiciones. Sus súplicas fueron escuchadas cuando llegó la maceta cabeza del Señor Buda y el pavo real.
Aquellos dos seres graciosos se presentaron a su manera. Pero el matrimonio de gansos, estaban un poco afligidos. Ya que esperaban a seres más espléndidos, no solo imitaciones o transportes similares de los Dioses, como los consideraban ellos. Y mostraron su descontento con fuertes graznidos y aleteos.
Aquella pareja de matrimonio de gansos que aún no recibían hijos, expresaron con enfado cada uno su molestia. La bella gansa de plumas blancas con salpicaduras negras dijo:
¡Que ímpetu falto en nosotros para que las benditas deidades solo nos enviaran este vanagloriado pavo real que se cree el mejor transporte del Dios de la guerra!
¡El portador del minúsculo adorno perfecto del Dios de Dioses!
Y la decoración chamánica para espantar los espíritus malignos que encabeza el Dios destructor y El Dios de la muerte y la virtud ¡Me parece decepcionante!
¡Lo que bien necesitábamos! ¡Es que nuestros ojos se llenaran de encantado con estas divinas deidades! Y nos hubieran regalado una bendición ¡con la llegada de los deseados hijos!
¡Oh! ¿Qué faltó en nuestra devoción de plumíferos entendidos en lo cierto e incierto?
¿Qué acaso solo los humanos tienen ese derecho?
El ganso macho de plumaje color canela clara, con vivos dorados que brillaban con la luz de la tarde, también expresó cierta desolación:
¡Y ese mismo Dios de Dioses! ¡Que se manifestó como un asceta y maestro que esperábamos con mucha fe! ¡Solo llego un fragmento de él!
Hubiéramos preferido que su presencia llegará de cuerpo entero. De ese hermoso color dorado, que hemos recordado de nuestras pasadas vidas ¡Cuando fuimos humanos en Japón!
Ahora solo nos envió, un superficial recuerdo como adorno para la planta. ¡No comprendo, no comprendo! ¡Que error hemos cometido en el ímpetu de nuestra piedad! ¡Al lanzar alabanzas a las deidades! ¿Qué sucede, qué sucede? ¿Por qué los cielos son así con nosotros?
Así repetían una y otra vez aquel matrimonio de gansos su supuesta desdicha. Aunque eran seres de gran agudeza. La pasión del momento les nubló el entendimiento y solo quedó de manifiesto, la expresión de lo que consideraban importante.
En eso el pavo real los miro, observo todo el lugar, se quedó prestando atención por un momento a la corriente constante del río y con palabras casi silenciosas, pero firmes dijo:
Las bendiciones y los milagros son más sutiles. De lo que ustedes piensan, estimado matrimonio de aves. No se quejen, ni confundan la dicha con la desdicha ¡Porque ambas son sólo ilusión!
Nuestro viaje fue largo para llegar hasta estas tierras y lo que menos esperábamos era esta clase de recibimiento. Aparte de haber perdido nuestro lugar de encanto. Con mi preceptor en India junto con otros gansos más perspicaces que ustedes ¡Hemos perdido amigos, maestros y lugares sagrados! ¡Solo para estar aquí!
¡Recibir esta clase de bienvenida es de lo más impropio! Porque lo que menos ayuda a todos, son las palabras poco lúcidas de reproche.
Gracias por compartir
ResponderEliminar¡Otro Gracias también! por leer🙏🏽
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