La feria de los viejitos (Parte 3)

En el andar tras las mariposas, todos nos volvimos alegres y caminábamos con gusto en busca de la misteriosa feria con gran convicción.

Cruzamos pueblos y ciudades, hicimos planes, conversábamos de toda clase de temas interesantes. Hasta que un buen día después de haber comido y tomado un descanso notamos la ausencia de las mariposas.

Estos seres de andar blanco no revoloteaban, ni estaban posaban sobre las plantas. Después de buscar mucho, las hallamos todas sobre el suelo, tendidas ya muertas formando una flecha.

Desconcertados caminamos hacia donde apuntaba la flecha, hasta que llegamos a un enorme portal. Estando sellado con una reja de metal algo oxidada y cubierta de enredaderas.

Busqué en los bolsillos de mis pantalones y chaqueta la llave del anciano. Se la mostré a todos y por un momento nos quedamos mirando entre nosotros ¡Porque sabíamos que habíamos llegado a nuestro destino!

Entusiasmados todos aquellos nuevos amigos, me invitaron a ver si la llave podía abrir la enorme y misteriosa reja, llena de enredaderas. Que no dejaban ver que había al otro lado de aquel portón.

La llave entró perfectamente y abrió la cerradura de la oxidada reja y detrás ella ¡Ahí estaba!

¡Una feria, cuyos juegos y atracciones mostraban el olvido y el descuido!

Pero aún con esas huellas del tiempo los juegos me parecieron hermosos.

 Por suerte al buscar encontramos toda clase de herramientas para su reparación; aceites para hacer rodar los engranajes; pinturas y barnices para colorear la feria; discos y bocinas para animarla e incluso vehículos para mover los juegos.

Así que no dudamos en trabajar, cada uno, elegimos nuestro juego favorito ¡Por supuesto yo me quede con una rueda de la fortuna!

 Entre todos fuimos reparando todos los juegos mecánicos, hasta que al fin la feria estuvo lista, después de muchos meses de trabajo y esfuerzo.

 Empacamos las cosas necesarias porque ¡La feria estaba en marcha!

Cruzamos pueblos y ciudades con nuestra recién inaugurada feria ambulante. Fuimos a escuelas, hospicios, asilos, parques y plazas.

¡Nos sentimos muy contentos de llevar la alegría a la gente!

 Desde esos días la feria funcionó así; sin cobrar mucho solo lo necesario.

¡Pedíamos comida y cosas básicas para nuestro sustento y cuidado personal a cambio de brindar alegría!

El tiempo transcurrió mientras nos encontrábamos recorriendo el mundo. Visitamos lugares donde fuimos recibidos con gran felicidad y cariño. Así como a lugares donde no fuimos bien aceptados, ya fuera por la ignorancia o por las diferentes formas de pensar de los lugareños.

Los años y las décadas se sucedieron, la feria se hizo de más personas. Incluso se formaron familias, crecimos varias generaciones. Unas continuaron en la feria y otras se asentaron en los pueblos y ciudades por donde pasábamos.

 Pero los seis primeros que fuimos, nunca la abandonamos. Incluso el escritor que dejó en un año la feria por tener una racha de inspiración, para una novela. Nos iba a visitar cada cierto tiempo después de su gran éxito como artista de la palabra impresa.

El tiempo se dejó sentir con el cansancio, la disminución de fuerza y vitalidad en nuestros cuerpos nos abandonó, porque nos habíamos hecho viejos.

Dejamos de llevar la feria por todas partes y nos establecieron en un solo lugar.  Fue así como surgió “La feria de los viejitos”

Ahora solo quedamos dos de los seis, los mismos dos que nos encontramos y nos hicimos amigos por primera vez.

Después de leer aquel recorte de ese viejo periodico. Cuando conocí el origen de la feria me resultó más fascinante aún. Y las evocaciones de cuando la visité en varias ocasiones me hicieron sonreír.

Sólo que un día la feria desapareció, caminé extrañado por el lugar donde habían estado los juegos. Y me encontré con siete semillas blancas dentro de un sobre, sostenido por una piedra, para que el viento no se lo llevara, que tenía escrito un mensaje :

 Plantarlas bajo la sombra de un árbol frondoso en una noche de luna llena para las estrellas

¡Estaba claro mi deber! De un momento a otro recordé esas viejas semillas, que llevan años guardadas conmigo. Y decidí regresar al lugar después de mucho tiempo.

Días después invite a algunos de los pobladores, visitantes frecuentes de la feria, buscamos un árbol frondoso, cavamos un hoyo, sepultamos las semillas y esperamos la luna llena

¡Era un homenaje de agradecimiento a la feria de los viejitos!

Cuando caminábamos de regreso a casa, pudimos ver cruzar por el cielo siete estrellas fugaces. Una muy brillante parecía guiar a las demás. Supimos todos los que conocíamos la historia, que se trataba de la magia de la feria de los viejitos

A quienes ya no están con nosotros 


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